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"París siempre es una buena idea". Audrey Hepburn (Sabrina)

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“CONDENADO POR SUS PROPIAS PALABRAS”

“Condenado por sus propias palabras…”
Entrevista a Juan Villoro
Por Iván Gómez Muñoz

Juan Villoro es uno de los escritores más influyentes de habla hispana en la época actual, un gigante gentil no sólo por su estatura física sino literaria. A sus más de metro noventa centímetros en tiempos prehispánicos habría de ser un guerrero azteca, pero su incipiente barba bien cuidada y claro tono de piel lo asemejen más a un conquistador. La intimidante presencia del mexicano se desvanece ante el amable trato prodigado a quienes lo rodean, y una vez las palabras empiezan a fluir es cómo si Villoro leyera un guión que escribe en milésimas de segundo para ofrecer reflexiones y respuestas contundentes a los cuestionamientos de los demás.



Reconocido en un principio como escritor de libros para niños, tras adjudicarse el prestigioso Premio Herralde de Novela por la aclamada ‘El Testigo’, Juan Villoro ha visto crecer su fama gracias a sus crónicas y ensayos, algunos de ellos sobre su gran pasión, el fútbol (recopilados en ‘Dios es redondo’ publicado por Anagrama y Planeta).

En el marco de la Feria del Libro, el autor salió de su camino para rendir homenaje a Roberto Bolaño, y participar en el Encuentro de Nuevos Cronistas de Indias, donde compartió con los asistentes una bella reflexión sobre el significado de escribir crónica en América Latina en la actualidad.

El autor mexicano habló con DeFilm.net sobre su último libro, ‘Los culpables’, la influencia de Ian McEwan, el gen masculino del fútbol, y su último proyecto, entre otros temas.
 
DeFilm.net: Por favor cuéntanos sobre tu nuevo libro publicado por Anagrama ‘Los Culpables’, ¿de qué trata y cuál fue tu intención al escribirlo?
Juan Villoro: Bueno, ‘Los Culpables es un libro de cuentos compuesto por siete relatos escritos en primera persona. Todos ellos tratan de presentar a personajes que no son escritores profesionales, son personas que cuentan sus vidas. Yo quería que se diera la situación donde las historias fueran atrapadas por accidente. Me resulta muy sugerente cuando en una sala de espera, un bar, o en algún lugar oigo que alguien está contando algo sobre sí mismo y esa persona no sabe que está contando una historia literaria guiado por lo que tiene que decir, su deseo de desahogo… la dinámica misma del lenguaje construye una trama fascinante, y esa trama queda flotando de alguna manera perdida. Quise atrapar en ‘Los Culpables’ estas narraciones como si fueran historias creadas por accidente, esa fue mi intención y por eso usé la primera persona con narradores que no son expertos en contar, sino más bien son torpes o de manera involuntaria o accidental cuentan una historia o incluso, así lo espero, llegan a ciertos hallazgos irónicos o incluso poéticos. El título tiene que ver con la experiencia de la culpa que en la literatura creo que opera de manera muy distinta a como opera en la religión. Cuando nos confesamos –si somos católicos-, vamos a decir todo, las cosas graves que hemos hecho en busca de un perdón, entonces el proceso desemboca en una penitencia y una expiación del pecado, este es el principio de la confesión religiosa. Sin embargo, creo que en la literatura ocurre todo lo contrario, uno se hace responsable de lo que dice o se compromete por haberlo dicho. El libro tiene un epígrafe muy interesante de Karl Kraus que dice, “quien calla una palabra, es su dueño; quien la pronuncia es su esclavo.” Mientras tenemos las palabras dentro de nosotros podemos administrarlas, somos dueños de ellas; en cambio, cuando las proferimos estamos condenados por lo que hemos dicho. A todos nos ha pasado al decir algo imprudente, irresponsable o hiriente y en ocasiones tratando de evitar eso, lo decimos. Es un poco lo que pasa en este libro, los personajes se vuelven culpables de literatura, es decir, dicen cosas que los responsabilizan.
 
DF.net:¿Hay alguna influencia del escritor inglés Ian McEwan, cuya literatura gira en torno a la culpa?
J.V.: McEwan es un autor que me interesa mucho, tuve la suerte de estar en Segovia en una conversación con él, y ese tema lo trabaja mucho en su novela ‘Expiación’, sobre una niña que trata de ser escritora y comete una indiscreción que perjudica a dos personas y luego trata de reparar esto por medio de un libro. Creo que el tema de la culpa está muy presente en la escritura… me impresionó mucho lo que me dijo un corresponsal de guerra yugoslavo que había estado en Serbia durante la guerra, y me dijo, “la principal diferencia entre el genocida Milosevic y yo, es que Milosevic que ha matado a miles de personas, se siente inocente porque es un psicópata; en cambio yo me siento culpable, incluso de las cosas que no he hecho.” Eso le pasa mucho al testigo de los sucesos, al periodista, al escritor, hay una empatía que haces que te sientas responsable del mundo, y como el mundo está mal hecho, es imperfecto, muchas veces quieres repararlo por medio de la escritura. Eso pasa en la novela de McEwan, y me identifico con dicho concepto. Ahora, no quería a diferencia de la obra de McEwan, cuya novela está muy construida literariamente, que esto pareciera un atributo del escritor sino que fuera un procedimiento mismo de los narradores, que ellos mismos llegaran a desahogarse y se hicieran culpables o se exoneraran por lo que decían.
 
DF.net: El joven escritor Efraín Medina escribía en un artículo que las mujeres no pueden entender la pasión que sienten los hombre por el fútbol, que dicho gen era específicamente masculino y por ello cualquier mujer que aparentara dicha pasión estaría mintiendo. ¿Crees que la pasión por el fútbol es exclusivamente masculina o puede darse en los dos sexos?
J.V.: Efraín toca una fibra muy sensible ahí. Durante cada Mundial se habla siempre de la viudas del fútbol, de alguna manera hay incluso matrimonios que fracasan… son situaciones muy típicas, por ejemplo la del hombre casado que olvida el aniversario de bodas pero no olvida que ese día Maradona metió dos goles. En sí tiene que ver mucho con el ánimo depredador, competitivo del varón y de cierta forma el fútbol es una guerra incruenta que tiene que ver con la mente masculina; pero creo que la sociedad permite muchos travestismos. Uno de ellos, cada vez más frecuente, hay mujeres interesadas por el fútbol, no por la atracción erótica o el dinero que manejan los futbolistas, sino porque son verdaderas conocedoras del deporte. Creo que lo que dice Efraín es cierto, pero todas las verdades están sujetas a la historia, y creo que está cambiando esta verdad, poco a poco hay más mujeres que entienden el fútbol y se apasionan por lo él.
 

DF.net: Podrías contarnos algo sobre el  último proyecto en el cual trabajabas que incluía la premisa de un ‘libro salvaje’.
J.V.: Ya lo terminé. Es una novela para niños, digamos para preadolescentes, al menos el protagonista del libro tiene doce años. Es la historia de un libro que no ha querido ser leído nunca, es un libro salvaje, un libro cimarrón que está perdido en una biblioteca y no quiere ser leído por lo que está desaparecido. Me parece que los libros se acercan a nosotros, me ha pasado a mí, como a todo el mundo, buscar un libro y no encontrarlo, incluso entre mis propios libros. De pronto ese libro que buscaba aparece ante mis ojos. A todos nos ha pasado que buscamos un libro en una librería y no lo encontramos, pero vamos a otra y se nos presenta, como si fueran los libros los que nos buscaran. Esta es la historia de varios libros que buscan a sus lectores y de un libro que no quiere encontrar a ningún lector y se aparta de ellos. La historia trata sobre cómo domar a ese libro salvaje, cómo atraparlo y cómo leerlo. Lo publicará este año el Fondo de Cultura Económica.
 

DF.net:¿Qué consejo le darías a jóvenes que aspiran convertirse en escritores?
J.V.: Creo que lo más difícil para un escritor es renunciar a ciertas facilidades que tiene. Todo escritor tiene la tendencia a encapricharse con las cosas que hace bien, por ejemplo las descripciones, algún alarde fantástico, un ambiente erótico o sensual, la capacidad para el diálogo. Creo que una de las cosas más difíciles de aprender es renunciar a lo que te sale bien pero no es necesario para la historia o el libro; renunciar a cosas que en sí mismas no son malas pero fortalecen muy poco lo que estás haciendo. Sacrificar ese tipo de cosas cuesta trabajo porque todos somos egoístas y queremos lucirnos con lo que hacemos. Es, de pronto, como una bailarina que hace un paso de más y estropea la coreografía. Ese aprendizaje de sacrificar cosas que se nos dan bien, es de las cosas más difíciles para un joven escritor. Y luego, pues tener mucha paciencia y leer a los clásicos y todo lo habitualmente recomendable.
 
DF.net: ¿Qué has leído últimamente que te haya gustado o  conmovido?
J.V.: Estoy leyendo un libro de un antropólogo mexicano que se llama Roger Bartra, llamado ‘Antropología del Cerebro’ que es un viaje fascinante por dicho órgano, que no es el cerebro fisiológico sino el cerebro social. De cómo dependemos de la cultura, como un disco duro exterior a nosotros que cambia nuestra vida… trata de vincular el conocimiento neurológico con el conocimiento cultural. Me ha parecido un libro por el que vale la pena entusiasmarse. En Colombia leí hace poco, me tardé en hacerlo, ‘El Olvido que seremos’ de Héctor Abad Faciolince, que me parece un libro valiente, conmovedor y maravillosamente bien escrito.

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